¿Cuál es el mejor camino para empezar a beber vinos?

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Una mala experiencia puede ser fatal en cualquier primera vez. Y si bien hay primeras y primeras veces, la única realidad es que no sólo las que dejan algo agradable son las que repetimos. Ahí está el tabaco para atestiguarlo. O el aguardiente. O las ostras.
Pero con el vino pasa algo muy diferente. Porque además de superar esa primera barrera del gusto –a favor y en contra, según los paladares- hay que superar también una de conocimiento y otra de presión social: es tanto lo que se dice sobre una botella de vino que las expectativas de encontrar el novamás en un primer intento puede hacer que resulte nimio y decepcionante. O a la inversa, tantas bondades ponderadas para que, al momento de probarlo, sea la copa equivocada, no guste y se inhiba a un consumidor por el sólo hecho no haber entendido la experiencia.
Cualquiera sea el caso, hay un camino posible para llegar bien y superar ese primera trago. Y a continuación postulamos algunos comienzos, con sus segundas y terceras pruebas, antes de convertirse en ese típico consumidor evangelizador que desea llevar el vino a todo el mundo.

El bebedor de gaseosas. En el mundo existe toda una generación que saltó de la leche con chocolate a las gaseosas sin otra escala. Hoy roza los 25 a 30 años y las bebidas alcohólicas les resultan fuertes, agresivas y sin empatía con su paladar acostumbrado al azúcar. Esa generación está lista en términos de edades para consumir buenos vinos y descubrir que hay vida más allá de una bebida cola. Pero para no sufrir un soponcio con la primera copa de vino, la recomendación más sana es empezar directamente por dulces, que morigeran la parte más difícil de aprender: la textura y la acidez del vino. Ejemplos redondos son Cosecha Tardía de Norton ($31) o bien un high class como Afincado El Yaima Tardío Petit Manseng 2010 ($120). Conviene seguir por los blancos y los tintos ligeros antes de los reservas.

El abstemio. Generalmente es una caso singular dentro de los bebedores de gaseosas, pero también un tipo de consumidor que formó su paladar por fuera de los placeres de la mesa y que pone al microondas por encima de la sartén en su escala de valores. No lo juzgamos. Sólo nos proponemos despertarlo al sabor. Y para eso, no hay nada mejor que un buen Pinot Noir. La razón es una sola: nada conmoverá a este paladar salvo un sabor de otro planeta, algo radicalmente nuevo y agradable en materia de textura y sabor. Así, un vino iniciático puede ser Saurus Pinot Noir 2010 ($65) o Escorihuela Pinot Noir 2010 ($90). Si gustó, el siguiente paso será el Malbec sin madera y luego los reserva.

El bebedor de cerveza. Hay un momento en la vida en que el joven tomador de cerveza se percata de un detalle: comer un buen asado, entrarle a unas pastas rellenas o hacer una picada se vuelve cuesta arriba con su amada rubia espumosa. Ese es el punto de inflexión, cuando el bebedor ya está listo para recibir al vino en su paladar. En estos casos, hay dos caminos. Uno es ir a la antípoda para sorprender, buscar un vino potente de cuerpo, como puede ser Calypso Malbec 2010 ($112), de bodega Monteviejo, o Fabre Montmayou Malbec Reserva 2010 ($85). O bien, un blanco delgado y suave para evitar el salto al vacío, como Mantra Chardonnay 2011 ($79) o Telteca Roble Chardonnay 2011 ($55). Cruzada la barrera, hay que apuntar a la elegancia de la alta gama para cimentar el nuevo paladar.

El bebedor social: existen y son muchos los que dejan la bebida en manos de terceros, porque nada más beben una copita y siempre en compañía. Y así como existe el consumidor designado, debiera existir también el iniciador designado. En este caso, el plan del iniciador debe ser metódico y sostenido. Primero, haciendo observaciones sobre las distintas bebidas que el pupilo prueba. Luego, abriendo el juego hacia vinos de una belleza cautivante, para que el paladar crezca junto con la experiencia. En ese caso, el remate debe hacerse con Hubert Weber Vineyard Selection Merlot 2006 ($60) o Paz Cabernet-Cabernet Franc 2009 ($90).

Quien estrena la mayoría de edad. A los 18 años recién cumplidos se saca el registro de conducir. Y también se inaugura la edad legal para consumir bebidas alcohólicas. El común de los mortales ya lo hace de antes. Pero ese es otro cantar. El tema está en que este flamante consumidor no descarrile hacia bebidas pérfidas y elija el buen vino, que se bebe siempre con moderación. El truco es iniciarlo en la gastronomía al mismo tiempo. Y así como debe probar un risotto de mar con un Chardonnay cremoso, como Terrazas de los Andes Reserva 2011 ($76) y Del Fin del Mundo Reserva 2010, debe comer un buen corte vacuno con un Cabernet como Arístides La Estiba de Familia 2009 ($60) o Goyenechea Quinta Generación 2008 ($84).

Esta nota fue publicada en La Mañana de Neuquén el domingo 12 de mayo de 2013.

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