En una entrevista reciente, Lionel Messi sorprendió a muchos al contar, con total naturalidad, que a veces toma vino con Sprite. Lejos del protocolo y de la solemnidad que suele rodear al mundo del vino, la confesión cayó simpática y coherente con su perfil: simple, cotidiano y sin vueltas. No habló de etiquetas ni de añadas, sino de disfrute. Y ahí está el punto interesante: si el tipo más famoso del fútbol mundial lo toma así en su casa, quizás sea momento de aflojar un poco con las reglas y entender que el vino también puede ser parte de un ritual relajado, sin culpa ni manual.
La combinación vino con Sprite no es nueva, pero volvió a escena con fuerza. Con tinto, el clásico es usar un vino joven, frutado y sin madera: mitad vino, mitad Sprite bien fría, mucho hielo y una rodaja de limón si pinta. Refrescante, liviano y perfecto para el calor. Con blanco, la cosa se vuelve aún más fresca: un Torrontés, un Chenin o un Sauvignon Blanc joven funcionan muy bien. La receta es similar: vino bien frío, Sprite, hielo y, si querés subir un cambio, una rodaja de naranja o un toque de menta. No es alta coctelería, es disfrute inmediato.
Y ya que estamos hablando de vino sin corbata, vale recordar que hay muchos tragos que lo usan como base sin complejos. Sangría (vino tinto, frutas y soda), Clericó (vino blanco, frutas y hielo), Tinto de Verano (vino tinto y gaseosa de limón), Kalimotxo (vino tinto y cola, mitad y mitad) y Bellini con vino espumante y durazno. Todos tienen algo en común: nacieron en contextos populares, se toman fríos, se comparten y no piden permiso. Al final del día, el vino también es eso. Y si encima lo dice Messi, bueno… algo de razón debe haber.

