La ampelografía es una disciplina apasionante dentro del mundo del vino. Se dedica al estudio, descripción y clasificación de las distintas variedades de vid. Su nombre proviene del griego ampelos (vid) y graphos (descripción), y aunque pueda sonar a ciencia antigua, su rol sigue siendo fundamental hoy para entender la diversidad de cepas que dan origen a los vinos del mundo. Antes del avance de la genética, la ampelografía era la única herramienta para identificar una variedad y distinguirla de otras visualmente similares.
En el mundo del vino, la ampelografía cumple un rol esencial para la preservación del patrimonio vitícola. Permite rescatar variedades olvidadas, proteger la biodiversidad y evitar la pérdida de material genético único. En regiones como el Valle de Uco, el NOA o la Patagonia, los estudios ampelográficos han ayudado a revalorizar cepas históricas y entender mejor su adaptación a diferentes suelos y climas. Es una ciencia que, lejos de ser estática, evoluciona junto con el conocimiento del terroir.
Paso a paso para trabajar la ampelografía
1. Observación del brote y hojas jóvenes
En primavera se analizan la punta del brote, el color y la forma de las hojas nuevas, la presencia de vellosidades y la tonalidad de los bordes. Estos rasgos tempranos ya dan pistas del grupo varietal.
2. Análisis de la hoja adulta
Se estudia la forma general (entera, trilobulada o pentalobulada), el seno peciolar, el borde dentado, la textura y los pelos del envés. La hoja adulta es el elemento más importante para diferenciar variedades.
3. Evaluación del racimo
En el envero o la cosecha se observan tamaño, compacidad, forma (cónica, cilíndrica, alada), longitud del pedúnculo y lignificación. Estas características ayudan a distinguir cepas con hojas similares.
4. Estudio de la baya
Se describen color, tamaño, forma, grosor de piel, cantidad de semillas y sabor de la pulpa. Algunos aromas (como el moscatel) o pigmentaciones son distintivos de ciertas variedades.
5. Comparación y validación
Los datos recolectados se comparan con atlas o descriptores oficiales (OIV). Si hay dudas, se puede confirmar la variedad mediante análisis genético (ADN) para asegurar la identificación precisa.
En definitiva, la ampelografía es mucho más que una ciencia de clasificación: es una forma de lectura de la vid. Un lenguaje que conecta la historia, la genética y la identidad de cada vino. Comprenderla nos permite apreciar no solo lo que hay en la copa, sino también la complejidad natural que la hace posible.
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