Desde que comencé a trabajar en la industria del vino, Cafayate siempre fue un lugar mencionado. Durante muchos años solo podía conocerlo a través de sus vinos.
Hasta que finalmente en 2018 lo visité por primera vez, y lo que veía en fotos y probaba en vinos no se acercaba ni remotamente a lo que pude vivenciar, no solo visual sino sensorialmente.
Desde entonces, tengo la fortuna de realizar visitarlo en reiteradas oportunidades y nunca deja de sorprenderme.
Cafayate significa «Cajón de Agua» y es porque se encuentra entre dos cordones de sierras y cumbres.
La industria vitivinícola es muy fuerte. Posee una gran cantidad de bodegas y proyectos muy interesantes que describen a la perfección el paisaje del lugar.
Con ellos la actividad turística es muy grande. En los últimos años han aumentado la plaza de restaurantes y hoteles propios de bodegas, tal como es el caso de Piatelli Vineyards o Bodega El Esteco.
Debido a su geografía se genera un clima propio del lugar, con particularidades únicas que los viñedos y el trabajo del hombre han sabido aprovechar a la perfección.
La cepa emblema del lugar es el Torrontés en el caso de las blancas. Si hablamos de tintas se destacan el Tannat y el Cabernet Sauvignon. Obviamente el Malbec dice presente como en toda región vitivinícola del país.
En otras entradas les contaré mucho más de este hermoso lugar, su gente, actividades y bodegas por dentro.

